Evaluar los daños de un desastre de esta magnitud en una economía debilitada es una tarea compleja. Diversos organismos internacionales y firmas de análisis macroeconómico han comenzado a publicar sus primeras proyecciones.
Una evaluación rápida realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que las pérdidas físicas directas ascienden a unos 6.700 millones de dólares. Esta cifra se centra en la pérdida de viviendas residenciales y bienes comerciales, pero no incluye el colapso de la infraestructura pública a largo plazo.
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Por otro lado, economistas como Asdrúbal Oliveros, consultor venezolano, consideran que una reconstrucción real, ordenada y con estudios de suelo adecuados oscilará entre los 12.000 y 15.000 millones de dólares.
Edificios destruidos en Catia La Mar, La Guaira. Foto:AFP
También consultoras como Ecoanalítica y otras agencias internacionales sugieren que el costo total para devolver la operatividad básica a los servicios públicos, puertos, autopistas y hospitales podría escalar fácilmente hasta los 20.000 millones de dólares. Algunas estimaciones más pesimistas advierten de que el impacto económico integral a largo plazo podría superar incluso los 37.000 millones de dólares.
Las dos grandes barreras: financiamiento y fuga de cerebros
Venezuela se enfrenta a esta catástrofe sin un músculo financiero propio ni reservas líquidas suficientes para asumir semejante factura.
Con una economía profundamente debilitada y severas restricciones presupuestarias, el Estado venezolano no tiene la capacidad operativa de financiar la reconstrucción por sí solo. La ayuda internacional ha empezado a movilizarse, superando los 780 millones de dólares en promesas de financiamiento y asistencia humanitaria lideradas por EE. UU., la Cruz Roja, la OPS y otros, pero esto apenas cubre una fracción de lo requerido. La reconstrucción real obligará a diseñar complejos esquemas de financiamiento multilateral con organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) o el Fondo Monetario Internacional (FMI).
No se puede dejar de lado que, si bien Estados Unidos ha flexibilizado sanciones contra Venezuela, los años de aislamiento internacional, la enemistad con organismos internacionales y los demás países democráticos, le pasan factura al país.
Existe posibilidad de nueva ola migratoria Foto:
14 representantes demócratas pidieron a Donald Trump, al secretario Marco Rubio y al secretario del Tesoro, Scott Bessent, levantar las medidas alegando que estas obstaculizan las labores de socorro y amenazan la recuperación del país.
A principios de julio, Delcy Rodríguez, encargada del Gobierno desde la captura de Nicolás Maduro por EE. UU. el pasado 3 de enero, anunció a la prensa que se creaba un fondo de 200 millones de dólares provenientes del FMI. La idea era “recuperar esos recursos que permitieran la reconstrucción de infraestructura”.
Rodríguez también dijo que el país abrió “una cuenta en la CAF. Ese dinero será para vivienda, con todos los mecanismos de auditoría”.
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En el sitio web de la CAF se especifica que este fondo centralizará las contribuciones de gobiernos, organismos internacionales, empresas, fundaciones y personas naturales bajo un marco común de transparencia y rendición de cuentas. “Con un aporte semilla de 1 millón de dólares y sin cobro de comisiones, el mecanismo garantiza que el 100% de los recursos se destine a la atención de la emergencia, la rehabilitación de servicios esenciales y la reconstrucción a largo plazo”, se lee en la publicación.
Voluntarios buscan cuerpos de las víctimas del doble terremoto en Venezuela. Foto:AFP
Pero esta reconstrucción requiere personal capacitado y muchos profesionales forman parte de la diáspora venezolana que supera los ocho millones. Esta ausencia también se evidenció durante la tragedia: el personal de rescate estaba mermado.
Expertos del sector construcción estiman que se requeriría el retorno o la contratación urgente de entre 1.000 y 2.000 profesionales especializados, además de unos 15.000 técnicos de oficios, únicamente para acometer la estabilización inicial de las zonas devastadas.
De hecho, el Colegio de Ingenieros de Venezuela tuvo que capacitar a estudiantes de esa disciplina para realizar las inspecciones a los inmuebles afectados.
Para el economista Luis Crespo, profesor de la Universidad Central de Venezuela, el terremoto generó tres etapas: la de salvar vidas fue la primera. Las dos siguientes son la de atender a los damnificados y luego la reconstrucción.
En la tercera etapa hay que hacer un manejo eficiente de los recursos. “Creo que se necesitan unos 15.000 millones de dólares aproximadamente, entendiendo las áreas de servicios, rehabilitación y construcción de vivienda”, dijo Crespo a EL TIEMPO.
Diversos sectores técnicos y académicos han comenzado a perfilar una hoja de ruta para evitar que los recursos se diluyan en la burocracia o la ineficiencia estructural. La reconstrucción no puede limitarse a levantar «lo que estaba antes», sino que debe seguir criterios modernos de sismorresistencia y transparencia:
Los expertos creen que, para abordar la reconstrucción de manera estructural, es fundamental iniciar de inmediato con una auditoría internacional de fondos mediante la creación de un fideicomiso o fondo multilateral administrado externamente por organismos de desarrollo, lo cual resulta clave para generar confianza en los donantes internacionales frente a los riesgos de corrupción histórica.
Venezuela Foto:Venezuela
De forma paralela, en la fase técnica inicial, se deben actualizar los mapas de fallas y realizar estudios rigurosos de microzonificación sísmica y resistencia de suelos en zonas críticas como La Guaira y los valles de Caracas antes de otorgar cualquier permiso de edificación.
Esta base técnica dará paso a la fase habitacional a través de un Plan de Vivienda Sismorresistente que dote de hogares dignos y seguros a las más de 17.000 familias damnificadas, prohibiendo estrictamente la autoconstrucción informal en laderas inestables.
Sobrevivientes intentan rehacer sus vidas
Mientras los técnicos están pensando en la reconstrucción física, esto pareciera aún lejano. En La Guaira, los sobrevivientes intentan rehacer sus vidas. Algunas personas permanecen en sus casas porque no todas quedaron derrumbadas.
Sin embargo, esto supone un reto, pues algunos sistemas de tuberías quedaron dañados. Hay quienes recibían agua en sus casas directamente de la montaña, pero el sismo obstruyó estos sistemas.
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Joan Carillo contó a EL TIEMPO que ahora debe buscar la ayuda que reparten los voluntarios, para ello, debe desplazarse a otra zona y ubicar los puntos de distribución de agua.
Integrantes de Usar Caldas fueron como rescatistas a Venezuela. Foto:Usar Caldas
Carillo agradece que su casa “está bien” y que solo se dañó el piso de arriba. “Nos ha llegado comida de la que han repartido, pero hay personas que tienen que comprar el agua”, narra el joven.
Esto ocurre en las comunidades que están más alejadas en La Guaira.
En la vía principal, se observan puntos de distribución de agua potable, así como de comida. Los hospitales de delegaciones internacionales también están a lo largo de la zona.
Con los días ha bajado la atención de heridos a causa del terremoto y los sobrevivientes aprovechan para atenderse dolencias viejas.
Equipos de rescate intentan recuperar cuerpos de un edificio colapsado en Caraballeda, La Guaira. Foto:AFP
Gabriela Medina sobrevivió al sismo; en su sector, los daños no fueron tan grandes. Esta semana visitó el hospital del Reino Unido para que la evaluaran por una molestia en el riñón. “Estoy bien, me hicieron un eco gratis y no tengo nada malo”, comentó a EL TIEMPO.
Para el profesor universitario Daniel Arias, el problema de la reconstrucción de Venezuela no es solamente el levantamiento de decenas de miles de casas de manera urgente, sino la reconstrucción de las relaciones de poder entre el ciudadano y el Estado, lo que implica discutir de una vez la sustitución del presidencialismo imperial que genera “muy poca o nula capacidad de convivencia o armonía política con otros sectores sociales” a los cuales simplemente puede someter a las arbitrariedades que ocurrían en los gobiernos autoritarios europeos y americanos y que durante décadas se han practicado en Venezuela bajo la premisa de una orden superior.
